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Muere Manuel Malena en Tokio, voz histórica del flamenco de Jerez

03/08/2026 · Redacción
Muere Manuel Malena en Tokio, voz histórica del flamenco de Jerez

Muere Manuel Malena en Tokio, la voz jerezana que hizo de Japón su segunda patria flamenca

El cantaor falleció a los 67 años tras sufrir un infarto, dejando más de medio siglo de trayectoria y una profunda huella como intérprete y maestro del arte jondo

El flamenco de Jerez vuelve a vestirse de luto. Manuel Moreno Carrasco, conocido artísticamente como Manuel Malena, falleció en Tokio a los 67 años después de permanecer varios días hospitalizado como consecuencia de un infarto. Sus hijos pudieron acompañarlo en sus últimas horas tras desplazarse de urgencia hasta Japón, el país en el que había desarrollado una parte fundamental de su vida artística y personal.

La muerte le llegó lejos de Jerez, pero en una tierra que nunca le fue ajena. Japón se había convertido con el paso de los años en su segunda casa, en un territorio donde su cante fue recibido con respeto, admiración y una sensibilidad poco común. Allí no solo actuó: también enseñó, transmitió y ayudó a formar a varias generaciones de aficionados y artistas que encontraron en él un vínculo directo con la raíz flamenca jerezana.

Con Manuel Malena desaparece uno de esos cantaores cuya verdadera dimensión no puede medirse únicamente por los discos grabados o por el número de recitales encabezados. Su prestigio se asentó especialmente en el difícil territorio del cante para el baile, donde hacen falta conocimiento, reflejos, compás y una capacidad casi instintiva para leer cuanto sucede sobre el escenario.

Su metal, recio y reconocible, fue reclamado durante décadas por algunas de las principales figuras de la danza flamenca. Cantó en importantes compañías y giras para artistas como Merche Esmeralda, La Tati, El Güito y Manolete, aportando siempre ese eco de Jerez que sabe sostener el baile sin perder personalidad ni verdad cantaora.

Porque Manuel Malena fue, ante todo, cantaor. Un artista formado desde la infancia en una tierra y una familia donde el cante no era una disciplina aprendida, sino una manera natural de estar en el mundo. Se subió por primera vez a un escenario con apenas once años y comenzó así una trayectoria que acabaría prolongándose durante más de medio siglo.

En sus primeros años obtuvo reconocimientos importantes, entre ellos un premio en Mairena compartido con Luis de Pacote. Muy pronto quedó ligado a una generación fundamental para comprender el cante jerezano de la segunda mitad del siglo XX.

En 1973 formó parte de Nueva Frontera del Cante de Jerez, el histórico doble álbum promovido por la Peña Flamenca Los Cernícalos y editado por RCA. En aquella grabación coincidió con artistas como Manuel Moneo, El Torta, Diego Rubichi, El Garbanzo, Mateo Soleá, Nano de Jerez o Paco el Gasolina, entre otros representantes de una cantera que acabaría escribiendo páginas esenciales de la historia flamenca de la ciudad.

Aunque su nombre quedó especialmente asociado al acompañamiento, Manuel Malena nunca renunció al recital ni a ocupar el centro del escenario cuando se presentaba la ocasión. En 2020 celebró en Tokio sus cincuenta años de vida artística con un concierto que resumía, mejor que cualquier discurso, la estrecha relación que había construido con el público japonés.

Japón encontró en él mucho más que a un intérprete. Manuel supo integrarse en su cultura y se convirtió en un maestro cercano para quienes deseaban adentrarse en el cante, el toque o el baile. Su enseñanza no consistía solamente en explicar estructuras, letras o compases. Transmitía una forma de entender el flamenco basada en la naturalidad, la memoria, el respeto a los mayores y la fidelidad a los propios orígenes.

Sus regresos a Jerez adquirieron durante los últimos años un significado especialmente emotivo. En la Fiesta de la Bulería de 2023 participó en el espectáculo Toda una vida, compartiendo escenario con su hermano Antonio Malena y con su cuñado Mateo Soleá. Aquella reunión familiar y artística fue también una reivindicación de una estirpe vinculada de manera inseparable al cante de la ciudad.

En el verano de 2025 volvió a presentarse ante su gente en los Claustros de Santo Domingo, dentro del Viernes Flamenco organizado por la Peña La Bulería. El recinto agotó sus localidades y Manuel recibió nuevamente el cariño de un público que reconocía en su voz una parte de su propia memoria. Fue una de sus últimas apariciones en Jerez y queda ahora como una despedida involuntaria, envuelta en compás, afecto y respeto.

Manuel Malena perteneció a una generación de cantaores hechos en la escucha, en la familia, en las reuniones y en el escenario. Artistas capaces de cantar para el baile sin someterse al baile; de acompañar sin desaparecer; de enseñar sin convertir el flamenco en una simple sucesión de técnicas.

Su fallecimiento deja un vacío profundo en la casa de los Malena, en el flamenco jerezano y en esa comunidad flamenca japonesa que encontró en él a un maestro y a un referente. Pero queda su eco: un metal curtido durante más de cincuenta años, viajando desde Jerez hasta Tokio sin perder nunca el acento, la raíz ni la verdad.

Manuel Malena se ha ido lejos de su tierra, pero llevando a Jerez en la voz hasta el último momento.