Hay voces que no se apagan por más que el calendario insista en acumular inviernos. Ayer, 24 de junio, se cumplió un cuarto de siglo desde que el flamenco se quedó un poco más huérfano. En 2001, Manuel Soto Monje, "El Sordera", se mudaba a los altares del cante, dejando en la tierra un vacío de los que duelen en el alma del buen aficionado. Hoy, desde los micrófonos de Radio Tarsus, sintonizamos la memoria y subimos el volumen de la nostalgia para recordar al patriarca de la calle Sol.
La Dignidad del Cante Jondo
Hablar de "El Sordera" es hablar de la aristocracia del cante de Jerez, concretamente del barrio de La Plazuela. Descendiente de una dinastía mítica que conecta directamente con Paco la Luz, Manuel no necesitaba dar gritos ni recurrir a piruetas vocales para conmover. Lo suyo era una cuestión de peso, de verdad y de una jondura que parecía brotar de las raíces mismas de la tierra.
Su trayectoria estuvo marcada por la profesionalización y el respeto absoluto a la herencia recibida. Pasó por los tablaos más importantes de la capital —como el mítico Corral de la Morería— y llevó su arte por medio mundo. Pero Manuel nunca perdió la brújula; daba igual si cantaba en un teatro de París o en una reunión de cabales en Santiago: su cante conservaba siempre el aroma a fragua, a vendimia y a noche jerezana.

¿Cómo Cantaba el Maestro?
El Sordera poseía una voz rancia, de las que los viejos flamencos llaman "afás" (rozada, con un eco natural que arrastra el dolor de siglos). Escucharlo era asistir a una lección magistral de compás y compresión del misterio.
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Por Bulerías: Tenía el compás de Jerez metido en las sienes. Sus bulerías cortas, ligadas a la tradición de su tierra, eran un derroche de gitanería y elegancia.
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Por Soleá y Siguiriyas: Aquí es donde Manuel te agarraba el corazón. Cantaba con una solemnidad y una pena negra que hacían callar a los más sabios.
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Su maestría en los tientos: Consiguió darle a los tientos una majestuosidad única, marcando los tiempos con una pausa y un paladar difíciles de igualar.
"El cante hay que saborearlo, no escupirlo", solía decirse entre bambalinas. Y Manuel aplicaba esa máxima en cada tercio, paladeando cada palabra como si fuera la última.
Radio Tarsus: Manteniendo Viva la Llama
En estos tiempos donde la música a menudo se consume con prisa y algoritmo, en Radio Tarsus nos plantamos. Nos negamos a que el patrimonio de los grandes se archive en el olvido. Para nosotros, Manuel Soto no es una efeméride en el calendario de junio; es un faro que sigue encendido.
Su legado, afortunadamente, no solo quedó registrado en sus imperecederos discos, sino en la maravillosa estirpe que dejó tras de sí: Vicente Soto "Sordera", Enrique Soto o Boquerón, quienes continúan dignificando el apellido.
Hoy, las guitarras de nuestra emisora lloran un poquito por bulerías. Va por usted, Maestro. Desde Radio Tarsus le seguimos escuchando, le seguimos añorando y, sobre todo, le seguimos guardando el respeto que solo se le debe a los reyes de lo jondo.