Hoy escribo desde la rabia, desde la impotencia y desde un dolor que cuesta poner en palabras.
Me duele ver arder nuestros campos, nuestros montes, nuestros pueblos y tantos años de esfuerzo convertidos en ceniza. Me duele pensar en quienes lo han perdido todo. Y, sobre todo, me duele profundamente recordar a las personas que han perdido la vida en esta desgracia.
Siento rabia porque cada árbol quemado, cada animal muerto, cada casa arrasada y cada familia rota deja una herida que tardará muchos años en cerrar. Nuestra tierra no es solo paisaje: es memoria, trabajo, raíces y vida.
Hoy solo puedo guardar silencio, llorar por quienes ya no están y agradecer de corazón a quienes se enfrentan al fuego arriesgando su propia vida.
No quiero acostumbrarme a ver España arder. No quiero que esta tragedia se convierta en una noticia más.
Mi recuerdo, mi respeto y todo mi dolor están con las víctimas, sus familias y quienes hoy luchan contra las llamas.
Nunca os olvidaremos.